
Como éste entre algunas otras cosas es un blog de cine es casi indispensable escribir sobre el BAFICI.
Estrené con “Do it again” un documental de la sección musical que pintaba mejor de lo que resultó. Es que en principio la idea es tentadora: Geoff Edgers un periodista de rock del Boston Globe se pone como objetivo reunir a los integrantes originales de The Kinks (su banda favorita) para demostrar que están a la altura de los Rolling Stones o los Beatles. La tarea es verdaderamente difícil teniendo en cuenta que los hermanos Ray y Dave Davies (el primero cantante y líder y el segundo guitarrista) están peleados a muerte desde hace más de 10 años.
Pero el documental no ahonda en los motivos de esta separación ni cuenta demasiado sobre la historia de la mítica banda inglesa, es más bien un ejercicio ególatra de Goeff que no se toma bien la llegada de los 40 y que además es bastante bobo. Pero bueno, en el medio hay mucha música de los Kinks y algunos personajes simpáticos como Zooey Deschanel y Robyn Hitchcock.
“Ocio” de Juan Villegas y Alejandro Lingenti es una adaptación de una novela que lleva el mismo título escrita por Fabián Casas. Yo no lo leí pero debe ser muy buena porque la gente lo aplaudió como loca cuando antes de empezar la función los directores lo nombraron en su breve preámbulo. Como no se nada del libro me voy a limitar a hablar de lo que vi en la pantalla sin entrar en el ríspido tema de la adaptación literaria y todo lo que conlleva.
Andrés (Nahuel Viale) es un veinteañero de clase media baja que intenta sobreponerse a la reciente muerte de su madre. Vive con su papá y su hermano con los que no comparte más que el techo y las comidas. También tiene algunos amigos del barrio, es fanático de San Lorenzo y del Rock Nacional de los 70.
“Ocio” es una película de atmósfera en la que los directores logran transmitir a través de la puesta en escena y del personaje principal cierto clima de tristeza y angustia. Los encuadres están muy cuidados y la imagen grabada en HD es impecable. Pero todo esto no basta porque fallan a la hora de contar la historia y la película no pretende ser solo poesía, pretende narrar situaciones y quiere hablar de cosas sin lograrlo. No encontré los temas que los directores enuncian como ejes del film: la relación de amistad está mostrada de una forma absolutamente superficial, apenas un poco más nos dicen de las dificultades de vínculo que deja la muerte de la madre en la familia.
Igual que en los mundos de Rejtman el vacío y la zozobra son predominantes, ¿para que comunicarse, para que actuar en un mundo absurdo? Pero en medio de largos silencios que abonan esta idea irrumpen monólogos demasiado largos y con tono trascendental que están al borde de ser catastróficos y que por alguna razón inexplicable y casi mágica zafan del ridículo. Uno es el del hermano hablando de comic de Billiken (la actuación empieza siendo lamentable pero se ve que el actor se va sintiendo más cómodo y la remonta), la otra la del inmigrante ucraniano filosofando sobre el tiempo en la plazoleta.
La escena en que Andrés va solo al hospital y habla con un médico (se ve que habla pero no se escucha) directamente no la entendí y creo no haber sido la única por lo cual no lo considero una ambigüedad si no una falla a nivel narrativo.
S.R
